Goya
Las pinturas de Goya en la Edad Moderna representan la oscuridad y el miedo que se vivía en la época. La curaduría realizada pretende mostrar obras de entre 1797 y 1820, atravesando el intervalo que separa al rococó de la pintura moderna. Su visión se separa del gusto estético común de la época y toca temas mitológicos, represando monstruos, brujas, muertos y las atrocidades que la iglesia proponía. Este tema genera curiosidad e intriga para muchos. El autor toma temas sensibles, algunos ocultos y decide hacerles frente, representarlos con sus técnicas y dejar plasmado en la historia del arte su visión de la vida. Este ensayo data estas temáticas y las explica a modo de fundamentar por qué es importante seguir hablando de Goya en los tiempos modernos.
Francisco José de Goya y Lucientes nace en Fundetodos, España, en 1746, y muere en Burdeos, Francia, en 1828. Fue un pintor y grabador con gran reconocimiento en aquellos tiempos y hasta el día de hoy. Su innovación lo llevó a ser un padre del Arte Moderno, pasando del Rococó al Romanticismo y creando nuevos estilos.
Goya decidió dedicarse a la pintura y comenzó su formación en Madrid junto a Francisco Bayeu quien le dio su primer trabajo para que realice tapices de escenas idílicas, de la vida cotidiana, llenas de alegría y colores vivos. Pero en simultaneidad Goya pintaba retratos y obras religiosas, las cuales lo llevaron a tener un gran prestigio, tanto que en 1789 fue nombrado pintor de corte por Carlos IV (Rey de España de la época). Su trabajo como pintor lo convirtió en el retratista por excelencia, reconocido por aristócratas, intelectuales y políticos
1. Francisco de Goya es un pintor español considerado como uno de los grandes precursores del arte contemporáneo.
En vida fue reconocido por sus múltiples trabajos, los cuales muestran a un hombre al que no le importaba romper los prejuicios de la época con tal de llevar su técnica al máximo desarrollo. Es uno de los precursores del Romanticismo español y quizá uno
2. De este autor no solo destaca su pintura, sino también sus grabados y sus caricaturas, de entre los cuales tenemos Los caprichos, una serie de grabados en donde se representan diversos monstruos de pesadilla y escenas grotescas, que tanto hacen sátira de la vida en la corte, como de la sociedad española y de la misma naturaleza humana.
3. Francisco de Goya nació el 30 de marzo de 1746 en la provincia de Zaragoza. Su padre es quien lo anima a ingresar al mundo del arte. Trabaja un tiempo para ayudar al sostén familiar, pero luego, se unió a la Academia de Dibujo de Zaragoza. Perfeccionó su arte bajo la autoridad de José Luzán en 1760. Al principio, no goza de ningún éxito ni prestigio, por lo que se decide a viajar a Italia y a Francia.
4. Una vez en Italia, observó las obras del romanticismo y decidió enfilarse hacia esta corriente, abandonando sus trabajos barrocos. Gracias a esta evolución es que encuentra el éxito cuando regresó a Madrid en 1775, con varias órdenes de la familia real para realizar los bocetos de unos tapices. Dos años después, pintó su primera obra maestra "L'Ombrelle". La reputación que se deriva de su serie de cuadros de lo que ofrecen fama y mérito del título de académico en 1780 y pintor oficial del rey de España en 1786.
5. Se volvió un favorito de la corte, estuvo incluso en medio de varias intrigas reales, hasta que, en la década de 1790, comienza a decaer, tanto en su fama como en su estado de salud que cada vez se complica más, hasta que muere en Burdeos, en la noche del 15 al 16 de abril de 1828. De los máximos representantes de las premisas de los inicios de este movimiento.
Admirado durante su vida por sus grabados, ahora es una figura reconocida en el ascenso del Romanticismo.
Las características de su estilo son las siguientes:
• En lo que se refiere a los grabados, destaca la sutileza y transparencia del claroscuro, los cuales se representan con gran perfección y nitidez.
• Sus creaciones son siempre escandalosas. O son encantadoras, o son terribles.
• No temía representar el desnudo, incluso en la corte española, tan cerrada a estas manifestaciones de arte.
• En sus últimos años adoptó un estilo muy oscuro, en donde resalta esta obra:
La pintura se llama Saturno devorando a uno de sus hijos, en donde se observa que los colores son muy oscuros, pues se usan solo negro, gris y marrón; la luz proviene esencialmente del cuerpo del niño devorado. La escena es cruel, los ojos saltones de Saturno agregan un lado trágico. El tema es clásico, sin embargo, la representación no tiene nada que ver con la estética clásica, lo cual se vuelve una bandera del romanticismo. Existe una obra con el mismo tema, de Rubens, pero el tratamiento del mismo en Goya deja lugar, no para la técnica, tanto como para el sentimiento que provoca, que es de horror.
Saturno devorando a uno de sus hijos. Francisco Goya.
1-Goya, artista e ilustrado.
Goya, artista de genio y originalidad indiscutibles, se desenvolvió en una época convulsa, y debido a su longevidad, le fue dado conocer desde el auge de la ilustración con Carlos III, hasta la tiranía de Fernando VII. Fueron por tanto años de grandes dificultades políticas con guerras de enorme calado social que repercutieron en una España que desde hacía tiempo vagaba en un mar ajeno, sin un rumbo establecido y movida por los vientos de una Europa cada vez más poderosa.
Goya no se mantuvo separado de su mundo, participó a su manera, como un observador atento, como un crítico mordaz en un lenguaje novedoso que supo plasmar en sus series de grabados más personales e íntimos. Les dotó de una fuerza expresiva y un dramatismo que va mucho más allá de la contención propia del arte promovido por la Academia de San Fernando, pues él era sobre todo un hombre sensible a su entorno, característica sin la cual no entenderíamos una importante parte de su obra. Caminó desde el pintoresquismo de sus cartones hasta la sublimidad de sus pinturas negras. En palabras de González de Zárate, Goya no se conformó con recreos estéticos sino que entendió que por los pinceles se pueden traducir ideas del pensamiento y plasmar toda una concepción del mundo, una visión personal de la vida a través de la filosofía que se esconde tras la imagen (1). En esta evolución, la literatura y los literatos de su época ejercieron una indudable influencia en el pintor de Fuente de todos. Tradicionalmente ha sido considerado poco menos que un iletrado dotado de una enorme imaginación, pero los estudios rigurosos que arrancaron con la genial biografía de Ortega y Gasset (2), han sacado a la luz un gigante que aguardaba sepultado entre pinturas negras, aguafuertes y tapices viejos y desgarrados. A modo de ejemplo, se ha demostrado a través de los trabajos de Levitine y Norström que Goya tenía conocimiento de la literatura emblemática renacentista, tan difundida entre los eruditos literatos y artistas del Siglo de Oro (3), y tal y como veremos en las páginas sucesivas, sus obras no sólo contaban con la imaginación desmedida como fuente inspiradora. Mantuvo una estrecha relación con los círculos intelectuales de la época, pues tal y como nos señala Cean en su Memorias para la vida del Excmo. Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos, Goya y el grabador de cámara Pedro González de Sepúlveda se deleitaban en su conversación con Jovellanos. Muestra de dicha amistad es el retrato alegórico que le realiza en 1798 en el que ensalza al gran estudioso entre libros, colocando a su lado una figura casi etérea de Minerva, diosa de la sabiduría.
1.- J.M. González de Zárate, Goya, de lo bello a lo sublime, Ephialte, Vitoria, 1990, p.12.
2.- José Ortega y Gasset, Goya, Colección Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1963.
3.- González de Zárate, op. cit, p.11.
Los Caprichos de Goya. Un espejo de su tiempo:
Esta serie de grabados, comenzó a gestarse en 1793 cuando el artista se retiró a Andalucía por problemas de salud en enero de ese mismo año. En otoño se encontraba en Madrid, recuperada su salud, pero con la terrible secuela de la sordera que a partir de este momento le acompañará hasta su muerte. Éste es un factor que no debe pasarse por alto pues de sus cartas se deduce el sufrimiento que le supuso la enfermedad (1).
En una fecha imprecisa de 1793, escribía Goya a su gran amigo Martín Zapater: Mío de mi alma, estoy en pie, pero tan malo que la cabeza no se si esta en los hombros, sin ganas de comer, ni de ninguna cosa (2). En 1796 se traslada a Sanlúcar de Barrameda junto con la duquesa de Alba con quien pasa el verano, pero ella vuelve a Madrid y él se refugiará en la casa de su amigo el soriano Martínez donde sufrirá una nueva recaída. Escribiría éste en sus cartas a Zapater y a Bayeu, que el ruido de la cabeza y la sordera nada han cedido, pero está mucho mejor de la vista y no tiene la turbación que tenía, que le hacía perder el equilibrio (3). Es entonces cuando realiza la mayor parte de los dibujos preparatorios del “segundo álbum de Sanlúcar”, germen de la serie que nos ocupa, entre un tormento de celos y despecho provocado por la ligereza de amoríos de la duquesa y la desconfianza derivada por la sordera (4). Esta difícil enfermedad le postró largo tiempo en cama y Goya, fiel a su genio, aprovechó para dibujar sus Caprichos como entretenimiento, dejando su sello de mal genio e inconformismo que tantos quebraderos de cabeza le dieron en vida.
En palabras de Carrete, estas láminas suponían el producto más puro de su pensamiento en cuanto a lo que entendía por ser artista (5). No veía en su obra una creación sólo para el deleite estético o intelectual, quería calar en la sociedad y enviar un mensaje crítico con los nuevos modos de vida y con los que aún seguían anclados en el pasado.
La Historia del Arte nos enseña artistas revolucionarios que caminaron con el paso adelantado a su época. Ejemplo de ello es la mano que esculpió el Profeta Jeremías de San Pedro de Mois-sac, Giotto, Leonardo, Miguel Ángel y por supuesto Goya, quien tenía un pie en el romanticismo cuando las masas caminaban por el neoclasicismo. Debe ponerse en valor ante todo su originalidad, ese extraño fenómeno que no deja de asombrarnos. Cuesta entender cómo un hombre puede huir de las tradiciones que le atan para adentrarse de repente en un mundo que no existía. Goya sin duda lo consiguió; dio su primer paso con los Caprichos y penetró en una cueva oscura, silenciosa y sin explorar, para llegar al fin a una sala negra que algunos llamarían “la quinta del sordo”.
Para plasmar todo este ideario, el artista recurrió a un lenguaje novedoso en un soporte ya muy conocido como es el grabado, el mejor medio para conseguir una difusión amplia y efectiva. Así pues hemos de entender esta serie considerando las mencionadas premisas, sabiendo que debe anteponerse el interés didáctico al artístico. Sin embargo, sería un grave error dejar de lado su valor estético, pues ofreció un imaginario inexistente hasta el momento que funcionaría como caldo de cultivo para la pintura del romanticismo. Para acercarnos al modo en el que esta serie de grabados pudo calar en su época, analizaremos brevemente el anuncio que apareció en el Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799. Este mismo año fueron 300 los ejemplares de 80 estampas que salieron a la venta, lo que nos da una muestra de la difusión de este medio si lo comparamos con un cuadro del que sólo se dispone un ejemplar, y generalmente de difícil acceso para el público. El texto al parecer fue redactado por Leandro Fernández de Moratín: Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al agua fuerte, por Don Francisco Goya. Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la elocuencia y la poesía) puede también ser objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia o el interés, aquellos que ha creído más aptos á subministrar materia para el ridículo, y ejercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice.
Como la mayor parte de los objetos que en esta obra se representan son ideales, no será temeridad creer que sus defectos hallarán, tal vez, mucha disculpa entre los inteligentes: considerando que el autor, ni ha seguido los ejemplos de otro, ni ha podido copiar tan poco de la naturaleza. Y si el imitarla es tan difícil, como admirable cuando se logra, no dejará de merecer alguna estimación el que apartándose enteramente de ella, ha tenido que exponer á los ojos formas y actitudes que solo han existido hasta ahora en la mente humana, obscurecida y confusa por la falta de ilustración o acalorada con el desenfreno de las pasiones. Sería suponer demasiada ignorancia en las bellas artes el advertir al público, que en ninguna de las composiciones que forman esta colección se ha pro-puesto el autor, para ridiculizar los defectos particulares á uno ú otro individuo: que sería en verdad, estrechar demasiado los límites al talento y equivocar los medios de que se valen las artes de imitación para producir obras perfectas
La pintura (como la poesía) escoge en lo universal lo que juzga más a propósito para sus fines: reúne en un solo personaje fantástico, circunstancias y caracteres que la naturaleza presenta repartidos en muchos, y de esta combinación, ingeniosamente dispuesta, resulta aquella feliz imitación, por la cual adquiere un buen artífice el título de inventor y no de copiante servil.
Vemos que la censura de errores y vicios humanos era una práctica habitual en la literatura, pero no tanto en la pintura.
Señala que los temas principales son lo embustes autorizados por la costumbre, la ignorancia o el interés, asuntos criticados por los ilustrados españoles impotentes ante una sociedad que no se adapta a los nuevos tiempos y con mentes obscurecidas y confusas por la falta de ilustración o acaloradas por el desenfreno de las pasiones. Sin embargo destaca que también sirven de excusa para que el autor pueda ejercitar la fantasía, en plena libertad creativa sin basarse en la naturaleza.
El 19 de febrero un nuevo cambio político supuso un revés para las libertades artísticas e intelectuales que llevó a Goya a vender las láminas y las estampas que quedaban a la Real Calcografía a cambio de una pensión real para su hijo. El mismo pintor comentó años más tarde en una carta a un amigo que había sido la inquisición la que le había impulsado tomar tal decisión (6). Muchos escritores críticos con las instituciones sufrieron la persecución de la censura.
Según Nigel Glendinning en su estudio Goya y sus Crtiticos (7), los Caprichos fueron desde su publicación considerados como una crítica mordaz a la sociedad y en concreto a algunas instituciones como la iglesia. Se conservan manuscritos que halagan su talento para caricaturizar su entorno incluso llegándolo a comparar con las famosas series de pintor inglés Hogarth. Desde luego algunas de las estampas resultan delirantes, como si se hubieran cifrado en un código sólo accesible para su autor, pero en un manuscrito anónimo redactado en francés entre 1802 y 1808, se ofrecen explicaciones para un gran número de escenas que parecen hacer alusiones específicas y que sólo pueden referirse a personas de alto rango en la sociedad española, y a episodios muy conocidos en la anecdótica del presente reinado (Carlos IV) (8). Esto nos demuestra que sus contemporáneos conocían bien las cuestiones a las que Goya hacía alusión aun siendo de esta manera tan original. Los liberales hicieron sus propias interpretaciones convirtiendo la serie en estandarte simbólico durante el período de las Cortes de Cádiz.
El ilustrado Gregorio González de Azaola, publicó el 27 de mayo de 1811 en el Semanario Patriótico de Cádiz un comentario sobre los grabados de Goya que nos acerca al sentimiento que imperó en aquellos años de luchas por las nuevas libertades: El vulgo de los curiosos ha estado creyendo que sólo representaban rarezas de su autor, pero las personas sensatas desde luego conocieron que todas encerraban su cierto misterio. En efecto, esta colección compuesta de 80 estampas con más de 400 figuras de toda especie, no es otra que un libro instructivo de 80 poesías morales grava-das, o un tratado satírico de 80 vicios y preocupaciones de las que más afligen a la sociedad (…) ¡Qué pintura más cierta y dolorosa de los defectos de una mala educación! (…) gran fruto podemos sacar de esta preciosa colección de estampas (…) los poetas y literatos verán en cada sátira un germen fecundo de ideas, capaz de excitar los ingenios a hacer in-finitas reflexiones morales. A partir de este momento, los Caprichos correrán una suerte incierta. Tras la muerte del pintor, la postura oficial será el silencio. Quedarán como el recuerdo de un pasado oscuro y tortuoso que nadie se atreve a desempolvar. Sin embargo en Francia las estampas tendrán un considerable impacto durante la época del Romanticismo. Ofrecían un crudo retrato de la España negra a la que tanto recurrían en sus obras literarias.
1.- H. Vallés Varela, “Goya, su sordera y su tiempo” Acta Otorrinolaringol Esp 2005; 56: 122-131, comenta en su artículo que Goya debió sufrir un cuadro clínico complejo con vértigos, acúfenos e hipoacusia que le llevaron a un estado estuporoso con aluci-naciones y delirios. Como consecuencia desarrolló una depresión. Su convalecencia se prolongó hasta abril de 1793, quedando profundamente sordo.
2- Mercedes Agueda y Xabier de Salas, Francisco de Goya, Cartas a Martín Zapater, Ediciones Turner, Madrid 1982, carta 126.
3.- Cfr. Helman. Op. cit. p.38
4.- Rogelio Buendía, Goya, Anaya (Grandes Maestros de Arte), Madrid, 1990, p.8.
5.- R.A.B.A.S.F., Goya Los Caprichos, Dibujos y aguafuertes, Madrid, 1994. Introducción por Juan Carrete, p. 11.
6.- J. Carrete, op. cit. p. 14.
7- Cfr. Carrete, op. cit. p. 14.
8.- A modo de ejemplo, comenta este autor francés: “El asunto de la estampa 55 es la eterna coquetería de la última condesa de Benavente, madre de la duquesa de Osuna. El núm. 29 podría ser una sátira del marqués de Revillagigedo, o quizás de duque de Par-que, de quien se creía en Madrid que leía para enriquecer su mente, mientras le peinaba su ayuda de cámara. Tras este comentario de las estampas continúa: Hasta aquí lo que concierne a las alusiones generales. En los restantes grabados, nos parece que Goya de-sea describir en términos generales un gran número de fallos comunes además de todos los tipos de abuso político que hasta la fecha se han encontrado en este país. El velo de la alegoría no consigue esconder las intenciones del autor en estos casos, y su crítica resulta evidente a primera vista.”
Me parece muy interesante la descripción que dan a cerca del sentido estético de Goya y los datos que proporcionan a cerca de su vida.
ResponderBorrarMe parece muy comprensible su información, Práctica y entendible los felicito.
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