El Romanticismo es un movimiento artístico (aunque también con fuertes repercusiones políticas) que surgió, especialmente, durante la segunda mitad del XVIII y se extendió hasta mediados del XIX. Influyó decisivamente en la literatura y la pintura. En arquitectura encontramos también algunos reflejos en ciertos edificios del XIX, sobre todo por la evocación del antiguo estilo gótico, pero el neoclasicismo siguió imperando como estilo arquitectónico fundamental, un estilo que, además, como dijimos, continuó cultivándose también en pintura, junto con el romántico.
No es fácil definir qué es el Romanticismo. Sus características, tomadas, individualmente, no son exclusivas de este estilo y, por otro lado, no siempre encontramos obras románticas en las que se den todas o gran parte de las características que se van a citar a continuación. El romanticismo surge, en gran medida, como reacción a la tendencia cultural precedente, el neoclasicismo y algunos extremos de la Ilustración. El romántico ama todo lo que está fuera de restricciones o cadenas, es decir, lo salvaje, lo extravagante y lo original. Prefiere, como guía, la emoción y la intuición, y se adentra a experiencias no estrictamente racionales (el sueño, la imaginación, etc.).
El romántico se crea una imagen del mundo profundamente personal y viva, llena de significados ocultos. Se cultivan, así, los temas sobre fuerzas superiores: el misterio, la providencia, el esoterismo, lo satánico, lo demoníaco. Algunos llegan incluso a divinizar la propia naturaleza, un carácter que puede expresarse tanto en escenas aparentemente sencillas, de carácter bucólico (campestre), como por medio de las fuerzas más terroríficas y desbordantes de la naturaleza (como las tormentas). La palabra que caracteriza este término es sublime, que expresa el poder majestuoso e imponente de los terremotos, las inundaciones y demás fenómenos naturales. Parte de esta preferencia surge del deseo de escapar de los efectos de la revolución industrial. Por eso se ensalza la Edad Media, preindustrial, al igual que se vuelve la mirada hacia otras sociedades y culturas más exóticas, como el Oriente. Influyó también en el Romanticismo la Revolución Francesa y las ideas de libertad y de los derechos del hombre y del ciudadano, la de igualdad, etc. De ahí que acabara convirtiéndose en un símbolo romántico la lucha por las libertades de los pueblos.
Pero también el romántico reaccionó contra la violencia desatada durante la Revolución y su espíritu universal, encarnado en el imperialismo postrevolucionario de Napoleón. Frente a esto, el romántico exaltó la historia y los derechos y tradiciones propias de cada pueblo. Este nacionalismo se manifiesta en fenómenos pacíficos como el estudio del folclore popular y el costumbrismo (música, danza, tradiciones orales y escritas, costumbres, etc.), pero también llevó a extremos de militancia, fomentando, incluso, la expulsión del extranjero. El levantamiento de los griegos contra el invasor turco, en 1820, acabó convirtiéndose en todo un símbolo romántico.
Destaca, igualmente, el fuerte sentimiento nacionalista surgido también en otros pueblos y que dio lugar, en muchos casos, al nacimiento de muchos de los estados modernos de Europa y América.
El romántico exalta también la libertad y el inconformismo a través de grupos o personas marginadas o solitarias (el anacoreta, el místico, el sabio, el caballero andante, el soñador, el loco, el bandido del bosque, el corsario, etc.). Critica, igualmente, algunos rasgos de la clase burguesa, aunque, paradójicamente, los románticos pertenecen, en su mayoría, a esta clase (dándose, por tanto, el fenómeno del burgués que reniega de su propia situación), una clase que, por lo demás, fue la que dominó políticamente desde el romanticismo.
Excelente contenido no es tan extensa pero esta muy completo...esta genial gracias por la información
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