viernes, 11 de diciembre de 2020

GOYA

 Goya


 Las pinturas de Goya en la Edad Moderna representan la oscuridad y el miedo que se vivía en la época. La curaduría realizada pretende mostrar obras de entre 1797 y 1820, atravesando el intervalo que separa al rococó de la pintura moderna. Su visión se separa del gusto estético común de la época y toca temas mitológicos, represando monstruos, brujas, muertos y las atrocidades que la iglesia proponía. Este tema genera curiosidad e intriga para muchos. El autor toma temas sensibles, algunos ocultos y decide hacerles frente, representarlos con sus técnicas y dejar plasmado en la historia del arte su visión de la vida. Este ensayo data estas temáticas y las explica a modo de fundamentar por qué es importante seguir hablando de Goya en los tiempos modernos.

Francisco José de Goya y Lucientes nace en Fundetodos, España, en 1746, y muere en Burdeos, Francia, en 1828. Fue un pintor y grabador con gran reconocimiento en aquellos tiempos y hasta el día de hoy. Su innovación lo llevó a ser un padre del Arte Moderno, pasando del Rococó al Romanticismo y creando nuevos estilos.

Goya decidió dedicarse a la pintura y comenzó su formación en Madrid junto a Francisco Bayeu quien le dio su primer trabajo para que realice tapices de escenas idílicas, de la vida cotidiana, llenas de alegría y colores vivos. Pero en simultaneidad Goya pintaba retratos y obras religiosas, las cuales lo llevaron a tener un gran prestigio, tanto que en 1789 fue nombrado pintor de corte por Carlos IV (Rey de España de la época). Su trabajo como pintor lo convirtió en el retratista por excelencia, reconocido por aristócratas, intelectuales y políticos


1. Francisco de Goya es un pintor español considerado como uno de los grandes precursores del arte contemporáneo.

En vida fue reconocido por sus múltiples trabajos, los cuales muestran a un hombre al que no le importaba romper los prejuicios de la época con tal de llevar su técnica al máximo desarrollo. Es uno de los precursores del Romanticismo español y quizá uno

2. De este autor no solo destaca su pintura, sino también sus grabados y sus caricaturas, de entre los cuales tenemos Los caprichos, una serie de grabados en donde se representan diversos monstruos de pesadilla y escenas grotescas, que tanto hacen sátira de la vida en la corte, como de la sociedad española y de la misma naturaleza humana.

3. Francisco de Goya nació el 30 de marzo de 1746 en la provincia de Zaragoza. Su padre es quien lo anima a ingresar al mundo del arte. Trabaja un tiempo para ayudar al sostén familiar, pero luego, se unió a la Academia de Dibujo de Zaragoza. Perfeccionó su arte bajo la autoridad de José Luzán en 1760. Al principio, no goza de ningún éxito ni prestigio, por lo que se decide a viajar a Italia y a Francia.

4. Una vez en Italia, observó las obras del romanticismo y decidió enfilarse hacia esta corriente, abandonando sus trabajos barrocos. Gracias a esta evolución es que encuentra el éxito cuando regresó a Madrid en 1775, con varias órdenes de la familia real para realizar los bocetos de unos tapices. Dos años después, pintó su primera obra maestra "L'Ombrelle". La reputación que se deriva de su serie de cuadros de lo que ofrecen fama y mérito del título de académico en 1780 y pintor oficial del rey de España en 1786.

5. Se volvió un favorito de la corte, estuvo incluso en medio de varias intrigas reales, hasta que, en la década de 1790, comienza a decaer, tanto en su fama como en su estado de salud que cada vez se complica más, hasta que muere en Burdeos, en la noche del 15 al 16 de abril de 1828. De los máximos representantes de las premisas de los inicios de este movimiento.

Admirado durante su vida por sus grabados, ahora es una figura reconocida en el ascenso del Romanticismo.


Las características de su estilo son las siguientes:


• En lo que se refiere a los grabados, destaca la sutileza y transparencia del claroscuro, los cuales se representan con gran perfección y nitidez.

• Sus creaciones son siempre escandalosas. O son encantadoras, o son terribles.

• No temía representar el desnudo, incluso en la corte española, tan cerrada a estas manifestaciones de arte.

• En sus últimos años adoptó un estilo muy oscuro, en donde resalta esta obra:


La pintura se llama Saturno devorando a uno de sus hijos, en donde se observa que los colores son muy oscuros, pues se usan solo negro, gris y marrón; la luz proviene esencialmente del cuerpo del niño devorado. La escena es cruel, los ojos saltones de Saturno agregan un lado trágico. El tema es clásico, sin embargo, la representación no tiene nada que ver con la estética clásica, lo cual se vuelve una bandera del romanticismo. Existe una obra con el mismo tema, de Rubens, pero el tratamiento del mismo en Goya deja lugar, no para la técnica, tanto como para el sentimiento que provoca, que es de horror. 


Saturno devorando a uno de sus hijos. Francisco Goya.


1-Goya, artista e ilustrado. 

Goya, artista de genio y originalidad indiscutibles, se desenvolvió en una época convulsa, y debido a su longevidad, le fue dado conocer desde el auge de la ilustración con Carlos III, hasta la tiranía de Fernando VII. Fueron por tanto años de grandes dificultades políticas con guerras de enorme calado social que repercutieron en una España que desde hacía tiempo vagaba en un mar ajeno, sin un rumbo establecido y movida por los vientos de una Europa cada vez más poderosa.



Goya no se mantuvo separado de su mundo, participó a su manera, como un observador atento, como un crítico mordaz en un lenguaje novedoso que supo plasmar en sus series de grabados más personales e íntimos. Les dotó de una fuerza expresiva y un dramatismo que va mucho más allá de la contención propia del arte promovido  por la Academia de San Fernando, pues él era sobre todo un hombre sensible a su entorno, característica sin la cual no entenderíamos una importante parte de su obra. Caminó desde el pintoresquismo de sus cartones hasta la sublimidad de sus pinturas negras. En palabras de González de Zárate, Goya no se conformó con recreos estéticos sino que entendió que por los pinceles se pueden traducir ideas del pensamiento y plasmar toda una concepción del mundo, una visión personal de la vida a través de la filosofía que se esconde tras la imagen (1). En esta evolución, la literatura y los literatos de su época ejercieron una indudable influencia en el pintor de Fuente de todos. Tradicionalmente ha sido considerado poco menos que un iletrado dotado de una enorme imaginación, pero los estudios rigurosos que arrancaron con la genial biografía de Ortega y Gasset (2), han sacado a la luz un gigante que aguardaba sepultado entre pinturas negras, aguafuertes y tapices viejos y desgarrados. A modo de ejemplo, se ha demostrado a través de los trabajos de Levitine y Norström que Goya tenía conocimiento de la literatura emblemática renacentista, tan difundida entre los eruditos literatos y artistas del Siglo de Oro (3), y tal y como veremos en las páginas sucesivas, sus obras no sólo contaban con la imaginación desmedida como fuente inspiradora. Mantuvo una estrecha relación con los círculos intelectuales de la época, pues tal y como nos señala Cean en su Memorias para la vida del Excmo. Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos, Goya y el grabador de cámara Pedro González de Sepúlveda se deleitaban en su conversación con Jovellanos. Muestra de dicha amistad es el retrato alegórico que le realiza en 1798 en el que ensalza al gran estudioso entre libros, colocando a su lado una figura casi etérea de Minerva, diosa de la sabiduría. 


1.- J.M. González de Zárate, Goya, de lo bello a lo sublime, Ephialte, Vitoria, 1990, p.12.

2.- José Ortega y Gasset, Goya, Colección Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1963.

3.- González de Zárate, op. cit, p.11. 


Los Caprichos de Goya. Un espejo de su tiempo:

 Esta serie de grabados, comenzó a gestarse en 1793 cuando el artista se retiró a Andalucía por problemas de salud en enero de ese mismo año. En otoño se encontraba en Madrid, recuperada su salud, pero con la terrible secuela de la sordera que a partir de este momento le acompañará hasta su muerte. Éste es un factor que no debe pasarse por alto pues de sus cartas se deduce el sufrimiento que le supuso la enfermedad (1). 

En una fecha imprecisa de 1793, escribía Goya a su gran amigo Martín Zapater: Mío de mi alma, estoy en pie, pero tan malo que la cabeza no se si esta en los hombros, sin ganas de comer, ni de ninguna cosa (2). En 1796 se traslada a Sanlúcar de Barrameda junto con la duquesa de Alba con quien pasa el verano, pero ella vuelve a Madrid y él se refugiará en la casa de su amigo el soriano Martínez donde sufrirá una nueva recaída. Escribiría éste en sus cartas a Zapater y a Bayeu, que el ruido de la cabeza y la sordera nada han cedido, pero está mucho mejor de la vista y no tiene la turbación que tenía, que le hacía perder el equilibrio (3). Es entonces cuando realiza la mayor parte de los dibujos preparatorios del “segundo álbum de Sanlúcar”, germen de la serie que nos ocupa, entre un tormento de celos y despecho provocado por la ligereza de amoríos de la duquesa y la desconfianza derivada por la sordera (4). Esta difícil enfermedad le postró largo tiempo en cama y Goya, fiel a su genio, aprovechó para dibujar sus Caprichos como entretenimiento, dejando su sello de mal genio e inconformismo que tantos quebraderos de cabeza le dieron en vida. 

En palabras de Carrete, estas láminas suponían el producto más puro de su pensamiento en cuanto a lo que entendía por ser artista (5). No veía en su obra una creación sólo para el deleite estético o intelectual, quería calar en la sociedad y enviar un mensaje crítico con los nuevos modos de vida y con los que aún seguían anclados en el pasado. 

La Historia del Arte nos enseña artistas revolucionarios que caminaron con el paso adelantado a su época. Ejemplo de ello es la mano que esculpió el Profeta Jeremías de San Pedro de Mois-sac, Giotto, Leonardo, Miguel Ángel y por supuesto Goya, quien tenía un pie en el romanticismo cuando las masas caminaban por el neoclasicismo. Debe ponerse en valor ante todo su originalidad, ese extraño fenómeno que no deja de asombrarnos. Cuesta entender cómo un hombre puede huir de las tradiciones que le atan para adentrarse de repente en un mundo que no existía. Goya sin duda lo consiguió; dio su primer paso con los Caprichos y penetró en una cueva oscura, silenciosa y sin explorar, para llegar al fin a una sala negra que algunos llamarían “la quinta del sordo”.


Para plasmar todo este ideario, el artista recurrió a un lenguaje novedoso en un soporte ya muy conocido como es el grabado, el mejor medio para conseguir una difusión amplia y efectiva. Así pues hemos de entender esta serie considerando las mencionadas premisas, sabiendo que debe anteponerse el interés didáctico al artístico. Sin embargo, sería un grave error dejar de lado su valor estético, pues ofreció un imaginario inexistente hasta el momento que funcionaría como caldo de cultivo para la pintura del romanticismo. Para acercarnos al modo en el que esta serie de grabados pudo calar en su época, analizaremos brevemente el anuncio que apareció en el Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799. Este mismo año fueron 300 los ejemplares de 80 estampas que salieron a la venta, lo que nos da una muestra de la difusión de este medio si lo comparamos con un cuadro del que sólo se dispone un ejemplar, y generalmente de difícil acceso para el público. El texto al parecer fue redactado por Leandro Fernández de Moratín: Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al agua fuerte, por Don Francisco Goya. Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la elocuencia y la poesía) puede también ser objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia o el interés, aquellos que ha creído más aptos á subministrar materia para el ridículo, y ejercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice. 

Como la mayor parte de los objetos que en esta obra se representan son ideales, no será temeridad creer que sus defectos hallarán, tal vez, mucha disculpa entre los inteligentes: considerando que el autor, ni ha seguido los ejemplos de otro, ni ha podido copiar tan poco de la naturaleza. Y si el imitarla es tan difícil, como admirable cuando se logra, no dejará de merecer alguna estimación el que apartándose enteramente de ella, ha tenido que exponer á los ojos formas y actitudes que solo han existido hasta ahora en la mente humana, obscurecida y confusa por la falta de ilustración o acalorada con el desenfreno de las pasiones. Sería suponer demasiada ignorancia en las bellas artes el advertir al público, que en ninguna de las composiciones que forman esta colección se ha pro-puesto el autor, para ridiculizar los defectos particulares á uno ú otro individuo: que sería en verdad, estrechar demasiado los límites al talento y equivocar los medios de que se valen las artes de imitación para producir obras perfectas 

La pintura (como la poesía) escoge en lo universal lo que juzga más a propósito para sus fines: reúne en un solo personaje fantástico, circunstancias y caracteres que la naturaleza presenta repartidos en muchos, y de esta combinación, ingeniosamente dispuesta, resulta aquella feliz imitación, por la cual adquiere un buen artífice el título de inventor y no de copiante servil. 

Vemos que la censura de errores y vicios humanos era una práctica habitual en la literatura, pero no tanto en la pintura.

 Señala que los temas principales son lo embustes autorizados por la costumbre, la ignorancia o el interés, asuntos criticados por los ilustrados españoles impotentes ante una sociedad que no se adapta a los nuevos tiempos y con mentes obscurecidas y confusas por la falta de ilustración o acaloradas por el desenfreno de las pasiones. Sin embargo destaca que también sirven de excusa para que el autor pueda ejercitar la fantasía, en plena libertad creativa sin basarse en la naturaleza. 

El 19 de febrero un nuevo cambio político supuso un revés para las libertades artísticas e intelectuales que llevó a Goya a vender las láminas y las estampas que quedaban a la Real Calcografía a cambio de una pensión real para su hijo. El mismo pintor comentó años más tarde en una carta a un amigo que había sido la inquisición la que le había impulsado tomar tal decisión (6). Muchos escritores críticos con las instituciones sufrieron la persecución de la censura. 

Según Nigel Glendinning en su estudio Goya y sus Crtiticos (7), los  Caprichos fueron desde su publicación considerados como una crítica mordaz a la sociedad y en concreto a algunas instituciones como la iglesia. Se conservan manuscritos que halagan su talento para caricaturizar su entorno incluso llegándolo a comparar con las famosas series de pintor inglés Hogarth. Desde luego algunas de las estampas resultan delirantes, como si se hubieran cifrado en un código sólo accesible para su autor, pero en un manuscrito anónimo redactado en francés entre 1802 y 1808, se ofrecen explicaciones para un gran número de escenas que parecen hacer alusiones específicas y que sólo pueden referirse a personas de alto rango en la sociedad española, y a episodios muy conocidos en la anecdótica del presente reinado (Carlos IV) (8). Esto nos demuestra que sus contemporáneos conocían bien las cuestiones a las que Goya hacía alusión aun siendo de esta manera tan original. Los liberales hicieron sus propias interpretaciones convirtiendo la serie en estandarte simbólico durante el período de las Cortes de Cádiz. 

El ilustrado Gregorio González de Azaola, publicó el 27 de mayo de 1811 en el Semanario Patriótico de Cádiz un comentario sobre los grabados de Goya que nos acerca al sentimiento que imperó en aquellos años de luchas por las nuevas libertades: El vulgo de los curiosos ha estado creyendo que sólo representaban rarezas de su autor, pero las personas sensatas desde luego conocieron que todas encerraban su cierto misterio. En efecto, esta colección compuesta de 80 estampas con más de 400 figuras de toda especie, no es otra que un libro instructivo de 80 poesías morales grava-das, o un tratado satírico de 80 vicios y preocupaciones de las que más afligen a la sociedad (…) ¡Qué pintura más cierta y dolorosa de los defectos de una mala educación! (…) gran fruto podemos sacar de esta preciosa colección de estampas (…) los poetas y literatos verán en cada sátira un germen fecundo de ideas, capaz de excitar los ingenios a hacer in-finitas reflexiones morales. A partir de este momento, los Caprichos correrán una suerte incierta. Tras la muerte del pintor, la postura oficial será el silencio. Quedarán como el recuerdo de un pasado oscuro y tortuoso que nadie se atreve a desempolvar. Sin embargo en Francia las estampas tendrán un considerable impacto durante la época del Romanticismo. Ofrecían un crudo retrato de la España negra a la que tanto recurrían en sus obras literarias. 


1.- H. Vallés Varela, “Goya, su sordera y su tiempo” Acta Otorrinolaringol Esp 2005; 56: 122-131, comenta en su artículo que Goya debió sufrir un cuadro clínico complejo con vértigos, acúfenos e hipoacusia que le llevaron a un estado estuporoso con aluci-naciones y delirios. Como consecuencia desarrolló una depresión. Su convalecencia se prolongó hasta abril de 1793, quedando profundamente sordo.

2- Mercedes Agueda y Xabier de Salas, Francisco de Goya, Cartas a Martín Zapater, Ediciones Turner, Madrid 1982, carta 126.

3.- Cfr. Helman. Op. cit. p.38

4.- Rogelio Buendía, Goya, Anaya (Grandes Maestros de Arte), Madrid, 1990, p.8. 

5.- R.A.B.A.S.F., Goya Los Caprichos, Dibujos y aguafuertes, Madrid, 1994. Introducción por Juan Carrete, p. 11.

6.- J. Carrete, op. cit. p. 14.

7- Cfr. Carrete, op. cit. p. 14.

8.- A modo de ejemplo, comenta este autor francés: “El asunto de la estampa 55 es la eterna coquetería de la última condesa de Benavente, madre de la duquesa de Osuna. El núm. 29 podría ser una sátira del marqués de Revillagigedo, o quizás de duque de Par-que, de quien se creía en Madrid que leía para enriquecer su mente, mientras le peinaba su ayuda de cámara. Tras este comentario de las estampas continúa: Hasta aquí lo que concierne a las alusiones generales. En los restantes grabados, nos parece que Goya de-sea describir en términos generales un gran número de fallos comunes además de todos los tipos de abuso político que hasta la fecha se han encontrado en este país. El velo de la alegoría no consigue esconder las intenciones del autor en estos casos, y su crítica resulta evidente a primera vista.”



REFERENCIAS

 
Valdearcos, E. (2008). “El arte del siglo XIX: el romanticismo y el realismo”, en Clío, 34
Mantilla, Adolfo (2013). “José Guadalupe Posada: Transmisor”, en José Guadalupe Posada Transmisor. Instituto Nacional de Bellas Artes. Pp. 5-7. Recuperado de: 
http://www.munal.gob.mx/micrositios/posada/imgs/Cuadernillo.pdf

 Sánchez Álvarez-Castellanos, J.J. (s/f). “Arte: rococó, neoclasicismo y romanticismo”. Recuperado de: http://academic.uprm.edu/jsanchez/Rococ%F3,neocla,rom%20TEXTO%20CON%20L%C1MINAS%20ARTE.pdf


CONTEXTO HISTORICO ROMANTICISMO

El Romanticismo es un movimiento artístico (aunque también con fuertes repercusiones políticas) que surgió, especialmente, durante la segunda mitad del XVIII y se extendió hasta mediados del XIX. Influyó decisivamente en la literatura y la pintura. En arquitectura encontramos también algunos reflejos en ciertos edificios del XIX, sobre todo por la evocación del antiguo estilo gótico, pero el neoclasicismo siguió imperando como estilo arquitectónico fundamental, un estilo que, además, como dijimos, continuó cultivándose también en pintura, junto con el romántico. 

No es fácil definir qué es el Romanticismo. Sus características, tomadas, individualmente, no son exclusivas de este estilo y, por otro lado, no siempre encontramos obras románticas en las que se den todas o gran parte de las características que se van a citar a continuación. El romanticismo surge, en gran medida, como reacción a la tendencia cultural precedente, el neoclasicismo y algunos extremos de la Ilustración. El romántico ama todo lo que está fuera de restricciones o cadenas, es decir, lo salvaje, lo extravagante y lo original. Prefiere, como guía, la emoción y la intuición, y se adentra a experiencias no estrictamente racionales (el sueño, la imaginación, etc.). 

El romántico se crea una imagen del mundo profundamente personal y viva, llena de significados ocultos. Se cultivan, así, los temas sobre fuerzas superiores: el misterio, la providencia, el esoterismo, lo satánico, lo demoníaco. Algunos llegan incluso a divinizar la propia naturaleza, un carácter que puede expresarse tanto en escenas aparentemente sencillas, de carácter bucólico (campestre), como por medio de las fuerzas más terroríficas y desbordantes de la naturaleza (como las tormentas). La palabra que caracteriza este término es sublime, que expresa el poder majestuoso e imponente de los terremotos, las inundaciones y demás fenómenos naturales. Parte de esta preferencia surge del deseo de escapar de los efectos de la revolución industrial. Por eso se ensalza la Edad Media, preindustrial, al igual que se vuelve la mirada hacia otras sociedades y culturas más exóticas, como el Oriente. Influyó también en el Romanticismo la Revolución Francesa y las ideas de libertad y de los derechos del hombre y del ciudadano, la de igualdad, etc. De ahí que acabara convirtiéndose en un símbolo romántico la lucha por las libertades de los pueblos. 

Pero también el romántico reaccionó contra la violencia desatada durante la Revolución y su espíritu universal, encarnado en el imperialismo postrevolucionario de Napoleón. Frente a esto, el romántico exaltó la historia y los derechos y tradiciones propias de cada pueblo. Este nacionalismo se manifiesta en fenómenos pacíficos como el estudio del folclore popular y el costumbrismo (música, danza, tradiciones orales y escritas, costumbres, etc.), pero también llevó a extremos de militancia, fomentando, incluso, la expulsión del extranjero. El levantamiento de los griegos contra el invasor turco, en 1820, acabó convirtiéndose en todo un símbolo romántico. 

Destaca, igualmente, el fuerte sentimiento nacionalista surgido también en otros pueblos y que dio lugar, en muchos casos, al nacimiento de muchos de los estados modernos de Europa y América. 

El romántico exalta también la libertad y el inconformismo a través de grupos o personas marginadas o solitarias (el anacoreta, el místico, el sabio, el caballero andante, el soñador, el loco, el bandido del bosque, el corsario, etc.). Critica, igualmente, algunos rasgos de la clase burguesa, aunque, paradójicamente, los románticos pertenecen, en su mayoría, a esta clase (dándose, por tanto, el fenómeno del burgués que reniega de su propia situación), una clase que, por lo demás, fue la que dominó políticamente desde el romanticismo.

Podcast: Arte Neoclásico y Romántico


ROMANTICISMO

Romanticismo

El romanticismo es una corriente artística que desarrollan muchos artistas en la Europa de la modernidad. Con este nombre se buscó designar un arte donde la imaginación y la sensibilidad predominan sobre cualquier otra facultad de la mente.

El arte romántico se presenta como un fenómeno extraordinariamente nuevo, inspirado por la voluntad de romper completamente tanto con el clasicismo como con el Rococó. Socialmente había nacido un hombre nuevo de las alteraciones políticas y de las violentas corrientes de ideas que señalaron el final del siglo XVIII. Este hombre nuevo aspira a formas plásticas tan liberadas de las formas antiguas como podían serlo, por su parte, las estructuras de la sociedad. Pero ese apetito de novedad se volvió, por hostilidad contra el pasado reciente, hacia el pasado lejano. Volver a la Edad Media, instaurar una nueva Edad Media, era consumar la ruptura total con el Rococó. Por toda Europa se extiende el Romanticismo como un reguero de pólvora. Los pueblos europeos hallan en él un modo de expresión para todas las fuerzas confusas e impacientes que habían estado reprimidas durante la Edad Media. A medida que las liberan, sacan a la Edad Media del despreciado olvido en que estaba enterrada. Con ello se afirmaba su individualidad al mismo tiempo que su espíritu nacional. Al cosmopolitismo artificial del “Siglo de las luces” se hacia suceder un sentimiento nacional vigoroso, auténtico, nutrido en las fuentes mas íntimas de la raza. La nostalgia de lo que se había perdido, de la fresca y pura espiritualidad de la Edad Media, de su fantasía copiosa y alegre, del sentimiento subordinándose a la razón, condujo a una idealización de esos siglos que el Clasicismo llamó oscuros y que para los románticos se iluminan con las luces más vivas y más cálidas. Con "El genio del cristianismo" de Chateaubriand se estimula la imaginación y s empuja al ardor de la piedad medieval, tan rica de matices, de sentimientos y de pensamientos, al lado del escepticismo y del pragmatismo del siglo XVIII. En Francia y sobre todo en Alemania, florece una renovación católica de especial esplendor.

Al mismo tiempo se vuelve hacia los textos poéticos de la Edad Media: "La chanson de Roland” en Francia, “El anillo de los nibelungos” en Alemania y "El Ossian en Inglaterra”, proporcionan temas a los artistas y un nuevo concepto del mundo, moral y espiritual. Si se vuelve a la Edad Media, no es por el gusto de desarraigarse como ocurre con el orientalismo, sino al contrario, como retorno a la fuente esencial del pensamiento y del arte europeos. La vuelta a la Edad Media, a su religiosidad y a la unidad cristiana que representa la Europa de antes de la Reforma protestante, entraña la conversión al catolicismo de gran número de artistas protestantes sobre todo en Alemania.


Arquitectura 


En arquitectura los artistas se enamoran del Gótico. Estudian con entusiasmo  las técnicas constructivas medievales y descubren soluciones imprevistas y muy perfectas que les mueven a admirar más a los constructores góticos. El Romanticismo no se cree obligado a planear una nueva arquitectura. Le basta con imitar el arte Gótico. La Iglesia de Santa Clotilde, El Ayuntamiento de París o la Biblioteca Nacional de París, son obras góticas casi literalmente copiadas. En Alemania, el Romanticismo no engendró un retroceso hacia lo medieval, sino que se proyectó hacia un pasado muy remoto: la Grecia Clásica. Pero no se trata de Neoclasicismo sino de Romanticismo por cuanto los neoclásicos se inspiraban en las proporciones y fachadas clásicas, pero hacían con ellas lo que deseaban. En cambio los románticos copian casi literalmente todas las producciones. En Inglaterra seguía perviviendo el gusto gótico. En pleno siglo XVIII se construyeron algunas obras de este estilo. Los ingleses reciben el Rococó como una prolongación florida y fantástica del Gótico flamígero. El Gótico inglés de esta época no sigue para nada las consignas del estilo medieval. Aprovecha, eso si, algunos elementos y los conjuga de forma fantástica y caprichosa, dando lugar a obras inverosímiles como el Parlamento de Londres de Charles Barry y Pugin.


Escultura 

En cuanto a escultura los románticos se niegan a aceptar el valor de esta rama. Gautier dice: "De todas las artes, la que se presta menos a la expresión de la idea romántica es seguramente la escultura”. Todo escultor es forzosamente clásico. El Romanticismo pretende luchar con el estilo Neoclásico anterior. Este estilo estaba inspirado en las formas clásicas grecorromanas. Pero cuando quiere hacer escultura, el romántico no defiende con la misma intensidad la escultura gótica como la arquitectura porque no la entiende, porque le resulta torpe y rudimentaria, comparada con las grandes obras antiguas. El romántico no se atreve a proclamar la unidad artística del Gótico- arquitectura y escultura-. A la hora de elegir un tipo escultórico apropiado, vuelve la vista al pasado, como hizo en arquitectura y encuentra la plenitud clásica como producto insuperable de este campo. Sin embargo, se ve obligado a rechazar esta herencia porque la habían aceptado los clásicos. De esta forma la escultura pasa a ser el arte que menos se presta a la expresión de la idea romántica. El escultor francés intenta sumergirse en la historia e ilustrar con imágenes el pasado nacional. El nacionalismo llega al arte en estos primeros años del siglo XIX. Aparece con ellos una nueva escultura caracterizada por el dinamismo de las masas, en contraste con las formas estáticas neoclásicas y el patetismo de los gestos y actitudes siempre evitado por los neoclásicos. 

El gran escultor romántico es Auguste Preault (1809-l879), dotado de una formidable fuerza de expresión lírica que raya en el expresionismo. Pero más conocido que Preault es Francois Rude (1784-1855). Rude prefiere inspirarse en temas más próximos a su época, pero recurre como buen romántico a todos los retrocesos históricos que cree necesarios. Su obra más famosa es el bajo relieve del Arco de la Estrella y titulado "La partida de voluntarios”, aunque popularmente conocido como La Marsellesa, porque se identificó con el himno y el espíritu nacional francés. Otro de los grandes escultores es Carpeaux. Discípulo de Rudé, Carpeaux se centra más en la apariencia real de sus figuras, con un mayor detallismo en rostros y cuerpos, actuando así de puente hacia el Realismo. Su obra más famosa es La Danza, un alto relieve que recuerda a la Marsellesa de su maestro.


 



 
Pintura

La pintura es el terreno plástico más apropiado para expresar la sensibilidad romántica. Ello no es extraño porque hemos afirmado que el romanticismo es un arte subjetivista e íntimo que renuncia a las cosas exteriores y concentra su atención en el interior del ser humano. Por eso es el campo plástico preferido por el artista romántico. Un campo ficticio, liberado de toda sumisión a la realidad, un terreno que permite realizar toda suerte de fantasías y conjeturas cromáticas.
Entre 1820 y 1840 se entabla una dura lucha en Francia entre los pintores neoclásicos y los románticos. Pintores románticos como Delacroix pretendían subvertir el orden de valores establecido. Se emprende una auténtica batalla contra los románticos por considerarlos artistas totalmente desvariados. Pero ya en 1819 empieza a notarse el primer destello romántico. En el Salón de París de ese año, en medio de las cuidadas y exquisitas obras neoclásicas que se dan cita en tal exposición, Gericault presenta La balsa de la Medusa, donde resplandece, tanto en el fondo como en la forma, un nuevo estilo emocionado y trémulo que recurre al color como principal elemento pictórico. Se advierte un furor nuevo, una especie de hoguera espiritual que trata de abatir y derribar el equilibrio anterior. 

Eugene Delacroix (1798-1863) es el patriarca del romanticismo. Su arte se formó en contacto con la pintura flamenca, italiana e inglesa del Louvre. Extrae sus temas de las leyendas antiguas o de la literatura romántica. Comienza a presentar obras románticas desde 1823 como La libertad guiando al pueblo, de 1830, obra que se convertirá en el símbolo de las revoluciones del siglo XIX. En 1832 hace un viaje al norte de África y descubre la sugestión exótica del alma musulmana. Desde entonces siente decidida atracción por los temas musulmanes y descubre una potencia cromática insuperable. En estos cuadros su tensión romántica llega a extremos de paroxismo y su éxito social empieza a ser extraordinario. 

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miércoles, 9 de diciembre de 2020

CONTEXTO HISTORICO NEOCLASICISMO


El neoclasicismo surge poco después de la primera mitad del XVIII, como rechazo del rococó y, sobre todo, por la fascinación ante nuevos descubrimientos arqueológicos, especialmente en Pompeya y Herculano (ciudades romanas sepultadas por el Vesubio, en el 79 d. C.). A su vez, los especialistas comienzan a publicar tratados que mostraban al arte griego como la fuente original del clasicismo antiguo (ejemplo, el historiador del arte Winckelmann, 17171768). El estilo neoclásico estuvo muy representado en pintura y arquitectura (aunque se aprecia, también, en otras facetas artísticas y literarias), y se trata de un estilo que continuó hasta bien entrado el siglo XIX (sobre todo, en arquitectura), conviviendo, durante algún tiempo, con la próxima corriente artística, el Romanticismo. Este estilo se caracteriza por una vuelta a los cánones clásicos grecorromanos, observables claramente en pintura y arquitectura. B.1. Pintura Jacques-Louis DAVID (17481825). Es el pintor más representativo, y su trayectoria artística acompañó a los grandes acontecimientos históricos franceses (Luis XVI, Revolución Francesa, Napoleón). Una de sus obras más características de su primera época es el Juramento de los Horacio (1784), que representa una escena de la antigua Roma republicana en el que tres hermanos juran proteger al estado, aun cuando eso suponga asesinar a la propia hermana, amante de un enemigo de Roma. Temas de este tipo gustaron a los philosophes ilustrados, por su implícita moralidad revolucionaria, frente a la frivolidad del rococó. David se inspira en el pintor barroco francés Poussin, maestro de temas clásicos y de la perspectiva lineal. En esta y otras obras de David nos encontramos con figuras que, más bien, parecen esculturas congeladas (frente a la ligereza de las figuras del rococó), pintadas con colores primarios puros, y en donde se vuelve a los ideales clásicos de balance, simplicidad y moderación. Otro ejemplo muy característico es La muerte de Sócrates. (Más adelante continuaremos con David).


Aportaciones a la Arquitectura 



El neoclasicismo dominó la arquitectura inglesa desde el XVII y Robert ADAM (17281792) reforzó esta tradición en este país. En Francia tenemos a Jacques Germain SOUFFLOT (17131780), quien busca las formas puras del arte romano. Su obra más significativa es el Panteón, de París (17551792). Originalmente se trataba de una iglesia, pero la revolución francesa quiso un edificio apropiado para aquellos personajes cuya obra había promovido la causa de la reforma revolucionaria. Para la cúpula de este edificio, Soufflot tomó como modelo la Catedral de San Pablo, en Londres (16751710). También hay que añadir, como arquitecto importante, a PERRAULT y el Louvre. B.3. Pintura y arquitectura neoclásica después de 1789 (Revolución Francesa: 17891799). La Revolución intensificó la devoción a los ideales clásicos, y Napoleón, después, hizo de David su pintor de la Corte. Sin embargo, ya en 1770 comenzó en Europa un nuevo estilo, el romanticismo, que, como veremos después, rechaza el neoclasicismo por considerarlo, entre otras cosas, frío y artificial. Sin embargo, el neoclasicismo va a perdurar durante bastante tiempo, por lo que romanticismo y neoclasicismo convivieron durante bastante tiempo. 
Destacan los edificios públicos y los grandes monumentos conmemorativos de París (como el Arco del Triunfo, el Obelisco, etc.). El neoclasicismo se difundió también por las colonias europeas, especialmente por las antiguas colonias británicas. El ejemplo más significativo lo observamos en Estados Unidos. Thomas JEFFERSON (1743-1826), coautor de la Declaración de Independencia y tercer presidente de los EE. UU., era, además, arquitecto. Estuvo influido por Andrea Palladio (1508-1580), autor que vimos en el Renacimiento. La Villa Rotonda, de Palladio, inspiró la casa de Jefferson en Monticello (véase una moneda de 5 centavos), ejemplo ampliamente imitado, cuyo modelo acabó convirtiéndose en un símbolo americano para las casas particulares de la alta burguesía. Otro ejemplo ampliamente imitado fue el diseño de Jefferson para el Capitolio de Richmond, Virginia (1785-1796), tomando como modelo la Maison Carrée (templo romano del siglo I d. C.), y que ha inspirado la arquitectura pública norteamericana. Recuérdese, a este respecto, el “mall” de Washington.

Pintura.

DAVID siguió siendo el exponente más importante del Neoclasicismo hasta su muerte, en 1825. Destaca, de la época revolucionaria, el Juramento en el Juego de la Pelota, y la Muerte de Marat (1793). Después de la Revolución, se entregó a la causa napoleónica, reflejando la pompa y grandiosidad de su corte, así como los nuevos ideales políticos promovidos por Napoleón. Sobresalen, de esta época, los siguientes cuadros: en Napoleón atravesando los Alpes (retrato ecuestre del emperador), La coronación de Napoleón y Josefina (1805-1808) y Las sabinas. Las Sabinas recoge un tema clásico-mítico de la antigua Roma. Los sabinos eran un pueblo de la antigua Italia, entre el Tíber y los Apeninos. Cuenta la leyenda que, durante una fiesta celebrada en Roma durante el reinado de Rómulo, las mujeres e hijas de los sabinos fueron raptadas por los romanos, lo que provocó una guerra, a la que puso fin la intervención de las propias sabinas, que se interpusieron entre ambos ejércitos. Además de David, destacan dos de sus discípulos: GROS (por ejemplo, Los apestados de Jaffa, pintura de 1804, en donde aparece también Napoleón como figura central); y Jean-Auguste-Dominique INGRES (1780-1867). Este autor llevó el espíritu neoclásico (aunque con influencias románticas) más allá de 1830, y sobresalen, por su sensualidad y erotismo, sus cuadros sobre odaliscas (mujeres del harén turco) como, por ejemplo, Baño turco y Odalisca. 

David Jacques

1. Jacques-Louis David es el pintor más representativo del neoclasicismo de finales del siglo XVIII. Sus estudios académicos en París y Roma le otorgan este estilo riguroso e intransigente que influye en los artistas de su tiempo. Su lenguaje tiene un solo objetivo: mover la moral pública a través de mensajes de nobleza, estoicismo y patriotismo.
2. Su padre era comerciante, pero muere en 1757. Entonces, Jacques Louis fue criado por uno de sus tíos y desde joven, dirigió sus esfuerzos hacia la arquitectura. Sin embargo, descubrió su talento para la pintura y se decantó por ella. Así, compitió varias veces en el Prix de Roma, y lo ganó la cuarta vez que participó con un cuadro llamado Erasistratus descubriendo la causa de la enfermedad de Antíoco.
3. Mientras estuvo en Roma, se dedicó a dibujar los grandes monumentos antiguos que ahí encontró y así es como se puede documentar el seguimiento de su desarrollo artístico y estético. Al volver a Francia en 1780, David ya estaba mucho más maduro como artista y entonces crea obras muy importantes, que contienen todo el espíritu de la creación neoclásica, tanto por los temas, como por el estilo.
4. Cuando comienza la revolución francesa y David se vuelve el artista revolucionario por excelencia. Se vuelve miembro de la Convención de la Comisión de Seguridad Pública, organiza festivales y ceremonias, y todo, con la bandera de la servidumbre a la nación.
5. Es testigo de la muerte de Marat, la cual inmortaliza con su pincel. Es una época efervescente, por lo que, al morir Robespierre, es acusado de traición y pasa encerrado siete meses en el Palacio de Luxemburgo, convertido en una prisión.

6. En 1799, los valores han cambiado y entonces David es atacado por poner a sus personajes desnudos en muchas obras, a lo que él argumenta la importancia de seguir los modelos de los artistas de la antigüedad. Cuando Napoleón sube al poder, David hace su retrato ecuestre y la pintura de la coronación de Bonaparte como emperador.
Al volver los Borbones al trono, se exilia voluntariamente de Francia y abre un taller de pintura en Bruselas. Sus últimos años los pasa pintando obras con temas mitológicos
Una de las obras más importantes de David fue La muerte de Marat. Marat fue uno de los revolucionarios más importantes de Francia. Era médico de profesión, también físico y sobre todo editor del panfleto popular Ami du peuple, por lo tanto, se le conoce como Amigo del pueblo. Marat padecía una enfermedad cutánea, por lo que tomaba baños medicinales que eran tan largos e importantes para su salud,  que tenía que resolver en la bañera los asuntos revolucionarios. Pero una mujer, Charlotte Corday, partidaria de la aristocracia, logró meterse hasta el baño donde él estaba y lo asesinó.
La muerte de Marat fue el cuadro más importante de David. En él se logra inmortalizar perfectamente un hecho temporal de carácter político como símbolo de idealismo social. El cuadro no dejó de causar impresión, “…David introduce al espectador en el aposento íntimo y lo convierte en testigo del primer minuto siguiente. La cabeza y los brazos han caído, pero la mano muerta todavía sostiene la pluma y el texto escrito. Esta captación del momento, que corresponde al instante preciso situado entre el último aliento y la muerte introducida en el cuarto de baño, producía, entonces como hoy, un efecto fulminante”
(Toman, 2000, p. 375).

Neoclasicismo Arquitectura El Robert ADAM (1728-1792): Syon House

                
                                      


                        Jacques Germain SOUFFLOT (1713-1780), Panteón, de París (1755-1792)


Video de Arquitectura Neoclásica



NEOCLASICISMO


El Neoclasicismo es el movimiento artístico por excelencia de la Ilustración de los revolucionarios franceses y se expandió gracias a su interpretación de las formas greco-romanas. Se desarrolló en gran parte de Europa, así como en América del Norte, entre los años 1760 y 1830.

El estilo neoclásico es una reacción contra los excesos del estilo rococó, que era el arte por excelencia de la nobleza y la monarquía francesa. Cuando el gobierno de Luis XVI cae, es necesario tener un enfoque diferente que refleje la búsqueda del gobierno revolucionario de una sociedad más justa, equilibrada, armoniosa, y basada en los ideales democráticos que habían animado la vida grecorromana.

Los artistas del neoclásico buscaron reemplazar la sensualidad que emanaba del estilo rococó con un estilo simple, solemne y moral. Sin embargo, el neoclasicismo no se puede reducir a una simple copia; el trabajo de artistas neoclásicos como el de Jean Auguste

Dominique Ingres es la prueba.









Madame Moitessier por Jean Auguste Dominique Ingres. Fuente: Google Art Project


Socialmente, el ascenso social de la burguesía y el poder económico que establece favorece el gusto por un estilo en el que el ensueño y los sentimientos poéticos no tienen cabida. Para la burguesía, tener un estilo artístico propio no tiene otro propósito que afirmarse socialmente como la nueva clase social dominante, que ha logrado deshacerse de los nobles monárquicos. Por lo tanto, también quieren deshacerse de los sentimientos humanos vinculados a la pasión, y exaltar más bien los valores que demuestran que han forjado su fortuna gracias a la fuerza de su trabajo: virtud, fuerza moral, dominación de las emociones. Por otro lado, el despertar del interés por la antigüedad grecolatina se puede atribuir al establecimiento de una arqueología como rama muy seria de estudios acerca de los monumentos antiguos y su valor axiológico y simbólico.


Una influencia importante para el neoclasicismo proviene de Johann Winckelmann, quien presentó sus escritos donde habla abundantemente del arte antiguo de los romanos y lo explica, lo cual da sustento ideológico y epistémico al movimiento. Winckelmann cree que el arte debe apuntar a la noble simplicidad y la grandiosidad de la calma y elogia el idealismo del arte griego. En Francia, algunos de los pintores más importantes son:

• Jacques-Louis David,

• Jean Auguste Dominique Ingres,

• Jean-Baptiste Regnault,

• Anne-Louis Girodet,

• Antoine Jean-Baptiste Greuze,

• François Gérard,

• Pierre Paul Prud'hon,

• Joseph-Marie Vien.

Las características más representativas del neoclasicismo son:

• El arte antiguo se reinterpreta con los ojos de la Ilustración, es decir, se busca en él, el espíritu de libertad y un modelo de lo verdadero.

• Aboga por un retorno a la simplicidad y los valores antiguos

• La escultura griega es el ideal estético para imitar.

• El diseño favorece la economía de los medios, sin artificios.

Se basa en gran medida en los conceptos estéticos como contención emocional, el equilibrio y el orden

• En la música destacaron tres elementos en el neoclasicismo musical: ritmo, contrapunto y tonalidad.

• El neoclasicismo está más interesado en la perfección de la línea que en el color.

El panteón de París es el mejor ejemplo de una arquitectura neoclásica que se basó en un original romano. Está pensado estructuralmente de la misma forma que el Panteón romano que se encuentra en Italia. En un principio, se pensó que el edificio llevara elementos góticos y clásicos, pero luego, se eliminaron las influencias góticas y se dejaron únicamente las grecolatinas. Destaca el frontispicio, a la manera de los grandes pórticos griegos, y la cúpula que es una invención romana. Las columnas son de orden corintio.


El Panteón de París del arquitecto Jacques-Germain Soufflot. Fuente: ParisCiudad.com


Video Neoclasicismo 

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